La banda
CÓMO NACIÓ
AVATARCITO
INDIGO SOY
Esta historia comenzó en el Valle Sagrado de los Incas.
Un día viajaba en autobús y a mi lado se sentó un joven músico peruano. Empezamos a conversar. Fue una conversación breve, pero sorprendente. En un momento me contó que se sentía una manifestación de Krishna, una pequeña parte de su avatar. Me mostró imágenes creadas con inteligencia artificial donde aparecía representado como Krishna tocando el saxofón.
El saxofón era su manera de manifestar esa energía en el mundo.
Yo le mostré la música que estaba componiendo en ese momento. Después de escucharla, me dijo una frase que cambió muchas cosas:
— Esta música debe manifestarse en la vida.
Luego me invitó a una sala de ensayo donde se reunían otros músicos. Así comenzó mi camino de reinterpretar la música de forma viva, llevando aquello que nacía a través de la inteligencia artificial al espacio del sonido real, de los instrumentos y de la creación colectiva.
Pero la historia había comenzado mucho antes.
Aproximadamente un año antes de aquel encuentro, Krishna comenzó a aparecer en mis visiones. Me decía que él era la electricidad, una electricidad elevada y sutil de la conciencia, capaz de manifestarse a través de cualquier vibración sonora. No importaba si era una voz, una flauta, un saxofón o música electrónica. Me decía que una parte de su conciencia estaría presente en este proceso creativo, ayudándome a componer canciones antiguas y guiando todo el camino.
Entonces comencé a crear música con los recursos que tenía a mi alcance. Poco a poco sentí que entraba en un rayo azul de música, siguiendo su dirección paso a paso. Ese maestro invisible me guiaba a través de la creatividad, ayudándome a abrir la voz, superar limitaciones internas y llegar a nuevas experiencias y encuentros.
Por eso, cuando conocí a aquel músico en el autobús, sentí que no era una casualidad, sino la continuación natural de un camino que ya había comenzado.
Algún tiempo después, él me propuso una idea inesperada:
— Vamos a Shambala y propongamos un concierto.
Fuimos a Shambala, presentamos nuestro proyecto y nos recibieron con entusiasmo y alegría. Apenas dos meses después de comenzar nuestros ensayos diarios, realizamos allí nuestro primer gran concierto.
Así nació Indigo Soy.
El nombre fue elegido como homenaje a aquel joven tan especial. Entre las personas de su entorno siempre parecía diferente, como alguien que caminaba por un sendero propio. Resultó ser un director musical extraordinariamente talentoso. Nos ayudó a organizar los arreglos, las entradas, los ritmos, las voces y el estilo general de nuestras presentaciones en vivo. Gracias a su participación, ideas dispersas comenzaron a transformarse en una verdadera experiencia musical.
Para mí, este proyecto nunca ha sido una búsqueda de fama ni de reconocimiento. Lo que me inspira es el experimento mismo: cómo una persona que no se consideraba músico puede entrar en el mundo de la música en vivo y comenzar a crear junto a otras personas. Cómo la música puede convertirse en un espacio de amistad, cooperación, aprendizaje, amor y crecimiento interior.
Hoy Indigo Soy reúne a personas inspiradas por el trabajo colectivo, la creatividad y la posibilidad de crecer juntas. Cada integrante aporta sus ideas, experiencia y energía, y la banda se ha convertido en un espacio donde aprendemos a escucharnos, apoyarnos y construir algo más grande que nosotros mismos.
Para nosotros, Indigo Soy no es solamente un grupo musical. Es un experimento creativo vivo, un espacio de amistad, colaboración y transformación interior. A través de la música exploramos nuevas posibilidades, descubrimos talentos ocultos y seguimos creciendo juntos.
A veces siento que toda esta historia parece una leyenda o un cuento. Sin embargo, está ocurriendo de verdad. Un encuentro casual en un autobús, las visiones de Krishna, la música nacida primero a través de la inteligencia artificial y luego llevada a la vida por músicos reales, los primeros ensayos, el primer concierto y las personas que continúan reuniéndose alrededor de esta visión.
Así continúa la historia de Indigo Soy: una historia de amistad, música, creatividad y búsqueda, una exploración de cómo el arte puede ayudarnos a ser más vivos, más abiertos y más auténticos.
Y si alguien siente afinidad con este proyecto y tiene la posibilidad de apoyarlo de alguna manera —con su participación, colaboración, conocimientos, recursos o simplemente compartiendo esta visión— estaremos muy felices y profundamente agradecidos. A veces, un pequeño apoyo es suficiente para ayudar a que los grandes sueños sigan creciendo.
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